Al fin alguien nos entiende

Hoy tengo más fe en la humanidad. Una mujer bloguera acaba de descubrir, luego de arduas investigaciones, que los hombres no somos picos con patas. Incluso se tomó la molestia de compartir su descubrimiento con el resto de nosotros para edificarnos:

Digamos que me sorprendí después de hacer algunas averiguaciones con mi círculo cercano. Porque sumado a lo que había investigado sobre el hecho que los hombres también pueden decir que no a la hora del sexo apelando a sentimientos e, incluso, un dolor de cabeza, ellos son mucho más complejos a la hora de irse a la cama con una mujer.

Alucinante.

Entonces resulta que hay cientos de mujeres convencidas de que uno piensa solo en tirar. Aunque es decepcionante, la verdad es que eso explica las miles de actitudes femeninas histéricas con las que uno se encuentra día tras día. Con esto, además, me acordé de por lo menos 4 minas a las que me habría gustado decirles en su cara: no te estoy joteando, me caes bien, pero no me interesas de esa forma y de hecho me aburres un poco. Seamos amigos.

Esa imagen del hombre eternamente caliente es una caricatura. No sé de dónde viene y no sabría a quién culpar de haberla construido. Supongo que uno podría dirigir una ojeada incriminatoria  a cierto feminismo antipico al que le gusta comparar a hombres con simios, pero en realidad para qué vamos a empezar a buscar responsables. Sería odioso.

Tanto es así que incluso quienes tenemos blogs para hablar de historias con chiquillas no escribimos con la intención de mostrarnos como héroes de la testosterona. Yo cuento estas cosas para flagelarme, no para glorificarme. Nada de lo que digo acá me parece un logro. Lo digo a modo de exorcismo o terapia; es mi manera de lanzarle un grito desesperado a un universo indiferente que se mantiene completamente silencioso e impasible frente a mis lamentos: ¿hasta cuándo el desfile de minas chifladas que no me interesan? ¿Por qué no UNA SOLA que me guste de verdad y que no me aburra ni me den ganas de salir corriendo? ¿Será posible?

Para mostrar lo ofensivo del texto de Fuscia propongo que demos vuelta el género y veamos qué pasa:

Cuántos de nosotros hemos escuchado que las mujeres son cartuchas y ya está. Y lo cierto es que si lo creemos así, las relaciones se simplificarían bastante ya que bastaría con darle un poquito de “confianza extra” y una actitud de “está todo bien, yo no te voy a juzgar y te aprecio como ser humano integral” a nuestra hembra (!) y listo: a tirar. Pero definitivamente, cuando hablamos de relaciones -especialmente de mujeres y sexo- la cosa va mucho más allá del laberinto psicológico de cartuchismo impregnado desde la más tierna infancia.

Digamos que me sorprendí después de hacer algunas averiguaciones con una seguidilla de desconocidas sacadas de OkCupid y del Bar Constitución. Porque sumado a lo que había investigado y experimentado en persona sobre el hecho de que las mujeres también pueden tomar la iniciativa y decir que sí a la hora del sexo apelando a la diversión e, incluso, a la mera calentura , ellas son mucho más simples de lo que parece a la hora de irse a la cama. Hay muy poco en juego y va más allá de creer que ellas son demasiado enrrolladas, porque la verdad es que no lo son en absoluto. Si se muestran enrrolladas es porque no quieren tirar CONTIGO. Cuando quieran contigo te vas a dar cuenta, la luz verde se va a ver a kilómetros de distancia. Así que tranqui, no hagas nada, déjalas en paz y verás cómo llegan solas.

No suena demasiado amigable, ¿cierto? Pero sigamos, cambiemos el género de la última frase del posteo de Dani Mona:

Y ustedes, ¿se imaginaban ese mundo complejo en la cabeza de las mujeres?

Después a mí me acusan de tratar a las mujeres como objetos simplemente porque salgo con una distinta cada 3 ó 4 meses. Mientras tanto el 99% de ellas anda por la vida dando por hecho que uno no es mucho más que un pene ambulante, un bonobo salvaje que recorre las calles escudriñando traseros, dispuesto a meterlo sin miramientos en cualquier agujero, cavidad o hendidura que se presente.

No es así la cosa, chiquillas. Gracias por “descubrirlo”, supongo.

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