El colapso del harem

Un amigo:
– ¿Sabes lo que te pasará? Un día tendrás una hija y las pagarás todas. Por bataclán.

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Para Tatiana

Muy buenos días. Es lunes y son las 9:35 am. Estoy sentado solo en una banca de la plaza Matilde Salamanca, en Providencia, drogándome como un desvergonzado. Delante mío hay unos tarros de reciclaje y los únicos seres humanos a mi alrededor son unos niños gritando alegremente en un jardín infantil. En dos minutos más yo estaré igual de contento, niños. Acabo de salir del departamento de la Andrea, que vive en Antonio Varas con Pocuro. Ella se fue a trabajar temprano. Yo, en cambio, fumo pitos en la plaza como un patán, porque puedo.

De pronto oigo que se acercan unas voces adolescentes, quizá pertenecientes a un grupo de colegiales cimarreros o a niños de primer año de Las Américas, que está ahí al lado. Uno de ellos comenta:

¿Vieron a la Tatiana, wn? ¡Se puso unos hot pants más apretados que la chucha, conchatumadre! Jajaja, loco, la mina parecía prieta, ¡gorda culiá! Y se puso a correr, hueón, ¡pal pico, la vi desde el camarín!

Luego las voces se alejaron, igual que como pasa con las sirenas de ambulancia. Parece que los caños intensifican el efecto doppler.

Pendejos pelotudos, me cagaron la felicidad, pensé. Qué manera de hablar huevadas, púdranse tarados. Me enfurecí automáticamente y no tengo idea si habrá sido efecto del pito, de la hora del día o si acaso andar sexualmente satisfecho por la vida estimula la moralidad, pero quise pararme y decirles algo, quizá incluso pegarle un combo en la cara al fanfarrón del grupo. La indignación no fue suficiente como para efectivamente HACER algo, manga de púberes idiotas, pero créanme que quise.

No tengo la intención de convertirme en un paladín contra la misoginia. La cosa es que hay distinciones importantes que estos pendejos huevones son incapaces de hacer, pero que importan bastante: una cosa es una gorda sentada frente a un plato de papas fritas, a punto de zampárselas impúdicamente, y otra muy distinta es una gorda que se decidió a correr. Ninguna merece burlas, pero la segunda gorda merece homenajes. Cuando menos silencio.

Entiendo muy bien que escribir una dedicatoria en un blog que nadie lee es insuficiente, pero algo es algo, así que acá va.

Gorda Tatiana: salvo por un breve período de debilidad, nunca en mi vida he sido un gordo y no puedo ponerme en tu lugar. Nunca entenderé completamente tus tribulaciones, los tormentos y humillaciones a los que tanto pelotudo se ha sentido con derecho a someterte. Lo que sí sé es que la venganza puede ser dulce, cruel y está completamente a tu alcance. Dale, escucha a Satanás, elige el lado oscuro. Sigue corriendo. Sigue bajando de peso. Empieza a comprar ropa cada vez más chica y verás como las miradas cambian. Conviértete en una flaca estupenda y luego castígalos sin piedad con tu indiferencia sexual. Créeme, son hombres y les va a doler. Literalmente.

Después de fumarme el pito me paré de mi banca y seguí caminando hacia mi casa. Mi próxima obligación profesional era a las 2pm, así que alcancé a ducharme, dormir y comer algo antes de salir otra vez.

Hasta pronto.

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