Confesiones

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He mentido. He robado en supermercados, sin tener ninguna razón para hacerlo, por la pura emoción. Un chocolate, un par de chicles. Mi abuela materna a veces robaba chocolates, sabiendo que nunca nadie la iba a parar. Tampoco tenía razones.

He estado detenido y no por defender una causa noble. Fue hace más de 10 años. Es verdad que el tipo al que le pegué estaba agarrándole el poto a unas minas que no se merecían ese trato, pero nadie me había pedido defensa. Intervine solamente de ebrio que estaba. Los pacos no escucharon mis explicaciones. El calabozo de la comisaria de Lo Barnechea es frío. Mi mamá me fue a sacar y no me habló en 2 meses.

En el colegio le robé la comida a un compañero durante varias semanas, sin que se diera cuenta. Le dejaba 100 pesos a cambio. Un día no aguantó más y estalló en gritos. Estuvo al menos 10 minutos preguntando a todo pulmón quién cresta le robaba la comida. La gente se reía del escándalo, pero nadie me acusó. La verdad es que nunca se supo quién era el culpable y hasta el día de hoy en las reuniones de curso la gente culpa a otra persona, no a mí. Braulio: era yo. Espero que la plata que hoy te paga Larraín Vial ayude a parchar el daño que este idiota con un blog te hizo, sin más razón que las ganas de huevear.

Una vez me robé todos, sí, todos los borradores, de todas las salas del colegio. Los metí en un bolso y el bolso desapareció. Grabé todo el episodio con una handycam. En los tiempos actuales el video estaría en YouTube y sería un hit. La cinta, lamentablemente, se perdió.

Una vez le hice 3 hoyos con un compás a una lata de jurel y la escondí en un casillero vacío en la sala de otro curso. Cerré la puerta y boté la llave a la basura. Un mes después el olor era tan insoportable que no se podía entrar a la sala. El SESMA habría clausurado el colegio si alguien los hubiese llamado. Al principio nadie sabía de dónde venía el olor. Después lo que no sabían era cómo identificar el locker culpable. Tuvieron que adivinar cuál era, a patadas. Rompieron cinco (madera) antes de encontrar la lata podrida. La botaron, pero a esa altura el daño ya estaba hecho. El olor a jurel podrido duró un par de semanas más.

Siempre que me paran los pacos paso de largo. Muy rara vez manejo con alcohol en la sangre, pero mi licencia venció hace más de 5 años. Una vez volviendo a Santiago desde Viña, en la subida antes de Casablanca, pasé a 150 km/h al lado de un control, sin siquiera disminuir la velocidad. Me escondí en un paso bajo nivel que está un par de kilómetros más allá del cerro. Creo que nadie me buscaba, pero los calabozos son fríos, les tengo fobia. Una vez a un paco que me paró en un semáforo le dije: no, estoy atrasado. Se quedó perplejo. No supo qué hacer.

Me he tirado minas sabiendo perfectamente que después no les iba a volver a hablar. Lo he hecho sabiendo que la “relación” no iba a durar más de 3 horas, 3 días, 3 semanas o, como máximo, 3 meses. Después de 3 meses me aburro. Nunca miento -no soy tan feo-, pero sí he cortado el contacto completamente después de que se cierra la puerta de mi departamento. Tengo un cajón con “cosas perdidas” que me han dejado en la casa. Una vez a una amiga le regalé el collar de una mina que me había tirado. Ella se lo regaló a una tía. Los pinches que se quedan en mi casa también son apreciados por amigas que prefieren ignorar su origen. Tengo un par de regalos potenciales guardados, esperando la ocasión. Pulseras, aros. Los calzones los boto.

No siempre uso condón. No me preocupan mayormente las consecuencias.

Soy un pésimo amigo, un pésimo hijo, un pésimo sobrino y un pésimo tío. Recibo toneladas de cariño gratuito y respondo con indolencia y perplejidad. Soy entretenido como amigo con ventajas, pero soy un pésimo pololo. Mi pobre consuelo es que hay peores que yo: los violentos, los bestias, los animales salvajes, asustados de una sexualidad femenina que no entienden y que pretenden domesticar, dominar. Sin embargo mi indiferencia suprema, mi anhelo de que nada ni nadie altere mi independencia, mi paz, mis rutinas, me convierten en un pésimo candidato para cualquier forma de intimidad o complicidad emocional. Quiero hacer lo que se me dé la gana a cada momento y punto. Al más mínimo intento de coartar mi independencia, termino. Ah, porque você foi fraco assim, assim tao desalmadowhat was I to do? what can one do, when a love affair is over?

¿Qué más? Seguro que se me olvidan más cosas. Las más graves probablemente. No es nada fácil acordarse y flagelarse en público. Mucha gente hace esto frente a un cura, otros frente a psicólo@s. Son pecados menores y tal vez soy ingenuo por querer confesarlos, pero el jueves volví a terminar con una chiquilla completamente enamorada. Terminé con ella sin ninguna buena razón: solamente quiero jugar Call of Duty y tomar Jim Beam solo. Voy a morir solo. Pero al final todo el mundo se muere solo. Nada grave, espero.

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