Un año más

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En diciembre del año pasado quería ir a pasar el año nuevo a Río. En ese momento habría significado gastarme toda la plata que tenía en la cuenta corriente y rogarle al Altísimo que enero y febrero, meses en que Santiago se paraliza, trajeran más pega. Al final reflexioné y no viajé, pero estuve a punto de comprar el pasaje. Tenía la plata: había dado una boleta por un monto respetable en noviembre. El problema es que era todo lo que tenía. Después de eso pasé varias semanas sin ningún ingreso, salvo un par de pequeños pitutos que sirvieron para pagar cuentas de bares.Hoy podría ir a Río sin arruinarme, pero otra vez reflexioné y no compré un pasaje. Lo que cambió este año es que me dio lata viajar. Ver que tengo saldo disponible en la cuenta, después de tanta inestabilidad, hizo que me pusiera conservador. Este fue el año en que me puse viejo, fome, antisocial, avaro y gruñón.

No fue un mal año. El 2013 fue un año de mierda: mi jefe de ese entonces, un tarado despreciable, mezcla entre entre el Agente Cooper de Twin Peaks y el sirviente Thomas de Downton Abbey, me echó de una pega relativamente lucrativa para los estándares de mi campo profesional sin ninguna buena razón y quedé a la deriva durante varios meses. Si supiera que se tropezó en una escalera y se fracturó cuatro vértebras me reiría a carcajadas.

El 2014, en cambio, fue el año en que me recuperé. Logré ganar más plata y resolver líos financieros que arrastraba desde hace meses. Arrendé una oficina donde puedo trabajar, concentrarme y hasta carretear. Le doy pegas esporádicas a fotógraf@s y diseñador@s. Mis clientes aprecian mi trabajo y soy efectivamente una adición de valor a sus actividades.

¿Qué más pasó este año? Tiré con algunas minas, cinco para ser más exactos. Usé bastantes menos condones de lo que al Ministerio de Salud le habría gustado. Una de ellas me embaló durante algunos meses porque lo pasábamos demasiado bien juntos, hasta que entré en razón, me dí cuenta que sus pataletas no eran algo normal y preferí terminar con ella. Resulta que pasarlo bien con alguien tomando piscolas y bailando en el Subterráneo no significa que vaya a ser una buena pareja. Me he demorado años en aprender esa simple lección, pero es porque soy un tonto que no entiende nada.

No es una mala persona, pero a veces dice cosas que me dejan helado. Habla como personaje de Patricia Highsmith. Es el sueño de un misógino: dice cosas que confirmarían las opiniones más oscuras sobre las minas. Una de sus últimas declaraciones fue que “los hombres con personalidad débil no me sirven, porque me pongo patuda y me los estaría cagando a los 2 meses. Necesito un tipo con actitud más ruda, como tú”. O sea que le gusto. Fue un piropo bastante macabro. Mejor no meterse tan en serio con ella.

Estuvo también la chiquilla de los videos porno, pero a ella la borré. Me metí a espiar su Facebook y descubrí que tenía fotos con un pololo y que se iba a casar. Eso puede significar dos cosas: conoció a un tipo y todo pasó muy rápido o yo iba a ser su despedida de soltera. Cuando uno ya se ha tirado a minas casadas o con pololo no hay novedad. Cumplí 34 este año y de verdad quiero vivir la vida con más responsabilidad. Uno se pone viejo y empieza a creer en el karma.

¿Se me olvida algo? Carreteo mucho menos que hace 4 años. Tomo menos también. Anoche me junté en el Torremolinos con una amiga y a la 1am ella se fue a otro carrete porque tenían coca. Yo en cambio me fui a a la casa a dormir: madurez. Hace meses que mi mejor panorama es tomarme una cerveza o un té viendo alguna serie de Netflix sentado en el futón. Curarme como piojo y no acordarme de nada al día siguiente ya no me queda bien. Nunca ha sido una conducta meritoria, pero cada vez se nota más la idiotez porque ya no tengo 25.

¿Qué quiero para este año? Tomar la mitad. Dormir el doble. Entrenar más. A veces creo que gustaría tener una polola, pero pienso que una relación abierta es lo único que soy capaz de sostener por ahora. Según Houellebecq la capacidad para enamorarse no resiste más de dos años de vagabundeo sexual: yo llevo 5, así que estoy perdido. Nunca nadie me va a querer en serio, pero al menos les gusto para tirar: algo es algo. Hoy voy a una fiesta en un estudio de grabación. Tal vez termine el año con un último revolcón.

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Lesbianas

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Quiero tener una amiga lesbiana.

Tengo amigas, pero las minas hétero no tienen idea de relaciones con mujeres. No saben lo que es acercarse de la nada a una desconocida, tratar de conversar con ella, intentar que se ría sin hacer el loco. Poner cara de nada, sacársela con humor o hacerse el huevón cuando te empiece a tirar pesadeces. Nunca han pensado cómo lograr que una desconocida, que no sabe quién es uno y que tiene toda la razón del mundo para mandarlo a uno a la cresta, te dé una oportunidad para conversar. Tampoco saben hacer reír a nadie, porque nunca han tenido que hacerlo: la estrategia de conquista de la mina hétero es ponerse una polera escotada.

No saben cómo avanzar sin romper el delicado equilibrio entre dos extremos: calentarle la sopa con determinación y seguridad, pero al mismo tiempo evitar que se sienta una suelta por hacer lo que está haciendo, se asuste y salga corriendo a su casa.

Las lesbianas sí entienden, porque es obvio que han tenido que hacerlo alguna vez. El que sabe cómo se ponen las inyecciones es el enfermero que se gana la vida con eso y ha puesto varias, no el paciente al que le han inyectado 2 ó 3 penicilinas en su vida. Las minas lesbianas salen con minas y por eso creo han visto lo mismo que uno ha visto.

Hay tipos que les preguntan sus dudas, les cuentan sus dramas, a minas hétero. Si es por conversar un rato, bien, dale, pero si es para escuchar algo que tenga sentido, algo que SIRVA, entonces creo que están perdiendo el tiempo.