Querida Alejandra:

Ya no fue. Eso lo entiendo. No sé si desapareciste tú o yo primero, pero da igual, yo de todos modos no iba a insistir. Lo que no entiendo es que te hayas quedado con mis libros, el de Moravia y el de Houellebecq.

Tú me hiciste regalos. Yo nunca te hice un regalo. No te devolvía las llamadas, respondía tus mensajes largos con caritas y monosílabos, y creo que ni siquiera te pagué una cuenta. Pero dime, ¿es esta la manera de cobrar?

No. Mis libros no.

Ya no fue no más, mala cueva, pero al menos devuélveme los libros. Sabes perfectamente bien donde vivo y no te costaría nada venir y dejármelos con el conserje, si es que está por debajo de tu dignidad tocar el timbre y hablarme.

¡Ratera!

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Actualización: Tinder promete más de lo que entrega

Me bloqueó. La pendeja de 21 me bloqueó, ni idea por qué. Por feo o por viejo. Por las dos. Las cosas iban tan bien y de repente me bloquea. Me dí cuenta hoy, cuando iba a mandarle un whatsapp para preguntarle por su llamada misteriosa de anoche. Quizá debería importarme, pero la verdad es que hay más minas en la vida, así que pico. Da igual.

Me debe haber bloqueado anoche. Qué hice anoche: fui al carrete de despedida de una amiga y su pololo, que se vuelven a Londres a seguir estudiando.

El bar estaba repleto, así que había que estar en la calle. Estaba conversando sobre Tinder con una amiga del colegio, soltera como yo. Me empezó a contar que había hecho match con el psicópata famoso, ese enfermo mental que no ha visto una vagina en su vida y por eso las odia. Estábamos mirando los pantallazos del “diálogo” que tuvieron después de que ella le dijo que NO se iba a juntar con él y justo me suena el teléfono: es la pendeja. Mierda, me está llamando. Casi habíamos dejado de hablar y ahora me llama. Qué quiere.

Qué puede querer.

Esta fue la conversación:

[yo]: Aló
[ella]: ¿Dónde estai?
[yo]: ¿Ah? En un carrete, tú
[ella]: ¿Dónde estai?
[yo]: En el Rapa Nui. Infante con Los Jesuitas
[ella]: ¿Dónde?
[yo]: …
[ella]: Tuuuuut, tuuuuut, tuuuuut.

Me colgó. La llamé de vuelta y no contestó. Le mandé un mensaje, que tampoco contestó. Después de eso simplemente me dediqué a carretear. Obviamente habría preferido pasar la noche dándole besos a la pendeja, pero la vida es cruel. En cambio, pasé la noche piscoleando y jalando hasta las 5am. Yo, al menos. Mi compañera de colegio es sana.

Pedimos un taxi y nos volvimos a la casa, vivimos cerca. Nos bajamos en la puerta de su casa, nos despedimos y caminé a mi departamento. Dormí hasta las 3pm.