Polillas

Las polillas piensan que mi despensa es un culiadero. Ayer encontré a dos fornicando con pasión adentro de mi tarro de proteína en polvo. Había también dos larvas arrastrándose hacia los tallarines. Tuve que botar la avena y el arroz: estaban llenos de larvas. Cuando abrí las bolsas salieron dos polillas volando, con toda la energía y alegría de quien está recién partiendo en la vida.

Sé lo que dice todo el mundo: no hay que matarlas. Son polinizadoras y cumplen un rol fundamental en la naturaleza. Un rol mucho más fundamental y relevante que el que cumplimos nosotros los humanos. Lo entiendo, pero ya no quiero más polillas comiéndose mi comida. Compré unos frascos de vidrio para poner todo ahí adentro, que no armen nidos en mis cosas.

Ya no prendo las luces. Si las polillas ven luz se van a meter al departamento. Hace calor, así que abro todas las ventanas, corro las cortinas, pero dejo los velos. Todos los días oigo voces de carretes de gente más sociable y más feliz que yo. Me ilumino con la tele, hasta que la apago y me voy a dormir. Todos los días encuentro cadáveres de polillas. Yo no las mato, se vienen a morir acá. En mi departamento se conocen, se gusta, tiran, dejan larvas comiéndose mi comida, se van y después vuelven a morir.

No están tan equivocadas. Este departamento ha sido un culiadero inmundo en algunas épocas. He metido a 3 minas distintas acá en menos de 24 horas. Eso era cuando trabajaba free lance, tenía tiempo para hacer deporte, estaba todo marcado y me veía rico. Las minas son más frívolas que la cresta, que no te vengan con ese cuento idiota de que les gusta la “actitud”. El conserje me miraba incrédulo. A veces también prostitutas, de la época cuando todavía no clausuraban la casa en Las Hortensias 2981. Eso era como un Tinder antes de Tinder. Uno solo decía sí o no. Te sentabas en un sofá y entraban una por una presentándose, en bikini y tacos. Una vez con tres amigos nos vinimos con 3 putas al departamento. Yo me fui a mi pieza, otro amigo a la otra pieza, el otro en el living. Peor que las polillas.

Eso era antes, ya llevo varios meses portándome bien. Tomo poco, salgo poco. Ignoro las insinuaciones de minas varias. Me hago el huevón porque ya sé cómo va a terminar: pataletas insoportables por mi supuesta indiferencia. Yo sé que hay gente que tiene relaciones de puro sexo, donde todos saben qué esperar, pero yo no soy uno de ellos. Las mujeres siempre se quieren casar conmigo, nunca me pueden tener como amigo con ventaja. No son muchas, no soy Brad Pitt, pero de repente aparece alguna con algún comentario insinuante. Qué linda tu camisa, te queda bien. Quédate un rato, tengo un whisky súper rico. Estás soltero, por qué.

Estoy soltero porque la última vez que terminé una relación seria pensé que necesitaba pasar un rato siendo un promiscuo. Iba a salir mucho, iba a conocer a un montón de minas, iba a tirar con varias de ellas. Un día iba a conocer a una que me gustara en serio. Iba a volver de la guerra victorioso. Pero ya van como siete años y eso no pasó. Me he culiado a un montón de minas idiotas que no me interesan, que me hablan puras huevadas, minas que inmediatamente después de eyacular quiero que se callen, se vistan y se vayan de mi casa.

Hasta que un día las polillas me coman.

Anuncios