Sin título

Ella siempre se despertaba más temprano, iba a comprar y preparaba desayuno. Era la geisha perfecta. La persona con que uno se casa debiera ser así: siempre dispuesta a servirme. Mentira, estoy hueveando. No era sumisa, era amable. Era capaz de tener gestos de amabilidad sin sentirse humillada, no le daba vergüenza. No tenía por qué: era inteligente, sociable y profesionalmente le va la raja.

He conocido minas a las que les saldrían ronchas si entraran a la cocina. Piensan que está por debajo de su dignidad freír un huevo. Picar una cebolla para ellas es una traición a décadas de progreso femenino. Y es tan estúpido como el súpermacho que no puede usar una camisa rosada. Hay poca gente así, por suerte.

No quiero sumisión. Soy muy flojo para querer controlarte. Haz lo que quieras. Sé libre. Lo que pido es que seas amable, como también lo voy a ser yo, que cocino y preparo caipiriñas deliciosas.

También: chúpamelo rico.

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