Conchadesumadre, se lo quiero poner a la secretaria

Una secretaria nueva. No tiene más de 23 años. Llegó hace meses a la oficina y la encontré guapa, pero no tanto, así que la había puesto mentalmente en la lista de la gente invisible. Tiene marido. Hola y chao, nada más. No soy muy sociable y en el trabajo soy peor. El problema surgió ahora, porque está haciendo más calor y ella empezó a usar vestidos cortos. No hay prenda en el mundo que me caliente más que un vestido corto.

Hace no mucho yo estaba en la cocina, esperando delante de la máquina un café gigante para poder trabajar, porque ando mongólico de tanto antihistamínico y corticoide que estoy tomando. Todo gracias a la primavera y a los cientos de plátanos orientales de Providencia, cuyo polen respiro durante los 25 minutos de caminata a mi trabajo.

Así estaba yo, moribundo y con la nariz roja, cuando de repente entra ella inaugurando la temporada de calor con un vestido apretado. Yo la miro con ojos de idiota caliente, a punto de estornudar.

Hoy yo estaba en el pasillo, cerca de su escritorio, conversando sobre un informe con datos que a nadie le importan, que tengo que redactar y enviar cada semana a los integrantes del Olimpo de esta organización. De pronto ella me mira desde su escritorio y se ríe.

Qué pasa, le pregunté.
Nada, es que me gusta tu voz.

Cresta.

Traducción libre al castellano: le pica el cucurucho cuando hablo. ¿Eso es o no? Si hiciera un mínimo esfuerzo por caerle bien, ¿podríamos figurar los dos sin ropa en la oficina, con ella desparramada en el escritorio mientras yo se lo pongo sin forro como un chimpancé? Y si fuera así, ¿qué pensaría la mina de la oficina con la que estoy tirando cuando se entere? Si ya rompí la regla de evitar a las mujeres con que trabajo, ¿la podré romper dos veces, en paralelo?

Tantas preguntas…

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