Reflexiones contemporáneas vol. IV: agarrarlas de la concha

trump

Lo dijo el mongólico de Donald Trump: “cuando eres famoso, te dejan hacer cualquier cosa, agarrarlas de la concha”. Obviamente quedó la zorra. Ay, qué horror, qué horror, grita a coro toda la gente progre, los cursis conscientes. En Estados Unidos del año 2016 decir algo así no sale gratis. Por harto menos que eso gente anónima ha perdido pega y reputación.

Mongólico y todo, lo que dijo es cierto: la fama ayuda a garchar más y cualquier hombre famoso lo puede confirmar. Lo que dijo tampoco es señal de que sea un criminal o un violador, porque dice claramente que lo dejaban.

Además, por la cresta, una cosa son las palabras, otra muy distinta son las acciones. Métanse a espiar un carrete de hombres. Se habla de todo, pero cuando se habla de minas, se dicen cosas así. Se usa ese lenguaje. Uno se vuelve pueril, tosco, crudo y adolescente.

Las minas también. Cualquiera que haya tenido el dudoso privilegio de escuchar conversaciones de mujeres cuando se van juntas al baño sabe que el lenguaje que usan es brutal*. Hablan de hombres con un nivel de crudeza y honestidad insólitos. Sobre todo honestidad: se cuentan TODO. Los hombres fanfarronean, pero no nos contamos todo. Las mujeres sí. Una conversación de minas es tan cruda como un carnicero trozando un pollo.

Así que toda la indignación que se ha visto es 80% hipocresía y oportunismo, de parte de gente que quiere liquidar a Trump y esta es la última oportunidad, porque la elección está encima. Concedo que un 20% restante piensa genuinamente que ser famoso y poder agarrar conchas fácilmente (si te dejan) está mal. Allá ellos. El resto lo está usando como excusa.

Porque Bill Clinton es un degenerado también. De hecho es peor. Tiene varias acusaciones de violación encima. A Hillary le da lo mismo y lo ha defendido una y otra vez. Ha desacreditado a las mujeres que lo acusan, tildándolas de locas. En resumen: Bill Clinton le tiene más respeto y afecto a su pene que a su señora, mientras que a Hillary le importa más su carrera al poder que las mujeres a quienes Bill probablemente violó. Matrimonio ejemplar, par de psicópatas. Quizá ella misma alguna vez le agarró el paquete o el culo al chofer, quién sabe. Igual la gente bienpensante va a votar por ella.

Queda un mes para la elección y ahora toda la campaña se va a tratar de sexo.

Toda esta gente que reclama porque a las campañas les faltan “ideas”: váyanse a vivir a la Grecia clásica, atenienses al peo. Qué ridiculez. Somos mamíferos que hablan. Ellas también, desengáñense de una vez. Hagan un poco de deporte, no coman tanto, no lateen a las minas con sus conversaciones fomes de “ideas” y pónganse a tirar.

*: hoy estas conversaciones se dan en grupos de whatsapp. Aunque he escuchado conversaciones de baño, nunca he leído grupos femeninos de whatsapp. No creo que sean muy distintas.

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Sobre la misoginia

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Yo no soy un misógino. No tengo una particular animadversión hacia las mujeres. No quiero quitarles el derecho a voto. Estoy a favor del aborto libre, no sólo en tres causales. No tengo ningún problema con tener a Bachelet de presidenta. Creo que tenemos todo el derecho a decirle gorda*, le guste o no, pero no me molesta que una mujer tenga más poder y reconocimiento que yo. Pienso que Hillary Clinton es una arpía psicópata, pero no lo pienso porque es mujer. Podría serlo también si fuera hombre o gato, da igual.

No me molesta trabajar o armar equipos con mujeres. No me siento mal teniendo a una mujer como jefa. El mundo está lleno de mujeres más inteligentes y más motivadas que yo y no me hace sentir mal. Algún día yo también tendré un trabajo que me guste tanto como para dedicarle un esfuerzo serio. También tengo amigas. Soy genuinamente su amigo, no las busco con segundas intenciones. No estoy al acecho esperando el momento de debilidad.

Así soy en mi vida cotidiana, sin embargo esa actitud de tolerancia y simpatía se acaba cuando pasamos al terreno sexual.

En el campo sexual no les creo nada. Nada de lo que digan puede ser verdad. Todo es un truco, todo es una prueba, todo lo que dicen y hacen es una forma de manipulación. En el plano sexual las veo a todas, sin excepción, como unas zorras manipuladoras y unas mentirosas profesionales. Usan todas las herramientas a su alcance y las usan sin ningún miramiento: la ropa, la sonrisa, los celos, el tono de voz, las palabras amables, las pesadeces, las mentiras, las provocaciones, el comentario pasivo-agresivo, la risa fingida ante el chiste fome, tocarte el brazo mientras se ríen. Nada es sincero.

En el campo sexual pienso que todas, todas y cada una de las minas de esta tierra, siguen una misma estrategia: agarrarse a cuanto saco de huevas atractivo encuentran en su camino (quien nunca las toma en serio, porque las conoce bien) hasta más o menos los 28 años, cuando el tic tac de los ovarios empieza a sonar más fuerte. Entonces cambian de objetivo y tratan de atrapar a algún ñoño feo y aburrido, que jamás les va a gustar tanto, pero que al menos ofrece estabilidad emocional y, a veces, financiera. En los casos más patológicos a ese ñoño se lo van a gorrear sin la más mínima piedad con algún saco de huevas del pasado.

Al saco de huevas se la van a regalar sin trámite. Al ñoño lo van a hacer trabajar para conseguirla.

A mí ninguna mujer me ha hecho nada terrible, ninguna me ha “roto el corazón”, como se dice. Al contrario: de parte de las mujeres he encontrado más que nada simpatía, amor y buena onda. En rigor no tengo nada de qué quejarme, porque follo bastante y disfruto de cierta variedad en materia de conchas. Igual, no puedo evitar mirarlas con recelo. Mi misión es impedir que conquisten territorios, tengo que descubrir a sus espías, tengo que defender la frontera con firmeza. Soy como Donald Trump: hay que construir un muro, pero ellas lo tienen que pagar. No me puedo dejar domesticar. El segundo en que uno se deja domesticar es el mismo segundo en que les dejaste de gustar.

Por eso no pololeo. Porque creo que con las mujeres, con todas, uno tiene solamente dos alternativas: ser el hombre que de verdad les gusta, pero que no las pesca y desaparece porque está ocupado follando con otras cuatro, o ser el ñoño aburrido que ofrece estabilidad y por eso se quedan con él. No hay más. Ninguna de las dos alternativas me gusta, pero es obvio que hay una que es mejor. Por eso cada vez que una mina me la pone difícil, es un insulto. Me doy media vuelta y me voy. Significa que me quiere para pololo y no señor, yo no voy a ser tu pololo.

 

*: tal como se hace con el Guatón Dávalos, el Guatón Flores, el Chico Zaldívar, el Pelao Insulza, etc.