Mañas, mías y ajenas

Andrea: por qué me buscas. Por qué insistes. Por qué no te das cuenta que no te convengo. Tus amigas lo saben, por eso me odian. ¿No ves que eres bonita y joven, que yo soy viejo y feo*? ¿Te falta un cromosoma?Me tomo 3 botellas de Jim Beam semanales. Me gasto una fortuna entre botillerías, restoranes y bares: 80% en alcohol, 10% en bebidas, 5% en hielo y el 5% restante en comida.

Abres mi refrigerador y qué hay: una jalea de frutilla mezclada con proteína de suero, que me debería haber comido después de entrenamiento, pero que ahora está llena de hongos. Lleva dos meses ahí. Hay una lata de jurel que abrí hace tiempo. Varios pescados congelados en el freezer. Si te asomas a mi refrigerador inmediatamente te pega en la cara el olor a jurel de tarro, mezclado con tilapia, salmón, lisa y albacorilla. Por si fuera poco hace 3 semanas preparé un cebiche de reineta, pero era tan grande que no alcancé a comérmelo y se pudrió. Tuve que sacarlo a la logia y ahí sigue. Cuando abres el refrigerador y la logia al mismo tiempo el departamento huele como la Caleta Portales. Como si el Océano Pacífico entero se hubiera podrido. Eso sería suficiente para ahuyentar a cualquiera. Menos a ti.

Vivo solo y me convertí en un viejo mañoso. Salgo a caminar a las 3am de un martes si me da la gana, porque no hay nadie durmiendo al lado mío que me diga “dónde vas”. Y si hubiera alguien mi respuesta sería: “qué te importa”. Claro que está mal, pero vivir solo te convierte en un pesado. Mis papás trataron de educarme mejor, pero vivir solo me echó a perder.

Los dos baños de mi departamento tienen una linea amarilla al nivel del agua. Ninguna de las dos tinas se puede limpiar; a esta altura habría que volver a esmaltarlas y tapar la mugre. Los dos tienen hongos en el techo. Al entrar a mi casa ves cientos de libros tirados en el piso y una repisa a medio colgar, que es donde deberían estar. Pasas al living y ves la jardinera, con cuatro tallos de plantas muertas.

Es que yo te encuentro guapo, me haces reír y lo paso tan bien contigo. Ok. Búscate un pololo, yo puedo ser tu amante. Así es como funciona el mundo después de todo. Hay varias especies de pájaros en que un macho fecunda, mientras que otro arma el nido. Uno folla, otro provee. Yo quiero ser el pájaro que lo pone.

¿Sacaría algo con decirte que en estos momentos hay una italiana (Ana, 24) de Couchsurfing durmiendo en mi casa? Nada. Probablemente te gustaría más. Te enojarías, pero después me dirías que no te gusta estar enojada y volverías a llamarme. Nada, absolutamente nada, te aleja. Es sábado y Ana quiere salir. Es sábado y tú también quieres salir. A las dos les dije que sí. Me pregunto si seré tan cara de raja como para salir con las dos y volver solo con una a mi casa.

Me queda como 1 hora para ducharme, vestirme, volver a mi casa y resolver el problema.

*: viejo de espíritu. Al menos no soy gordo ni pelado. Tampoco soy un gnomo. Dejo constancia.

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Un año más

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En diciembre del año pasado quería ir a pasar el año nuevo a Río. En ese momento habría significado gastarme toda la plata que tenía en la cuenta corriente y rogarle al Altísimo que enero y febrero, meses en que Santiago se paraliza, trajeran más pega. Al final reflexioné y no viajé, pero estuve a punto de comprar el pasaje. Tenía la plata: había dado una boleta por un monto respetable en noviembre. El problema es que era todo lo que tenía. Después de eso pasé varias semanas sin ningún ingreso, salvo un par de pequeños pitutos que sirvieron para pagar cuentas de bares.Hoy podría ir a Río sin arruinarme, pero otra vez reflexioné y no compré un pasaje. Lo que cambió este año es que me dio lata viajar. Ver que tengo saldo disponible en la cuenta, después de tanta inestabilidad, hizo que me pusiera conservador. Este fue el año en que me puse viejo, fome, antisocial, avaro y gruñón.

No fue un mal año. El 2013 fue un año de mierda: mi jefe de ese entonces, un tarado despreciable, mezcla entre entre el Agente Cooper de Twin Peaks y el sirviente Thomas de Downton Abbey, me echó de una pega relativamente lucrativa para los estándares de mi campo profesional sin ninguna buena razón y quedé a la deriva durante varios meses. Si supiera que se tropezó en una escalera y se fracturó cuatro vértebras me reiría a carcajadas.

El 2014, en cambio, fue el año en que me recuperé. Logré ganar más plata y resolver líos financieros que arrastraba desde hace meses. Arrendé una oficina donde puedo trabajar, concentrarme y hasta carretear. Le doy pegas esporádicas a fotógraf@s y diseñador@s. Mis clientes aprecian mi trabajo y soy efectivamente una adición de valor a sus actividades.

¿Qué más pasó este año? Tiré con algunas minas, cinco para ser más exactos. Usé bastantes menos condones de lo que al Ministerio de Salud le habría gustado. Una de ellas me embaló durante algunos meses porque lo pasábamos demasiado bien juntos, hasta que entré en razón, me dí cuenta que sus pataletas no eran algo normal y preferí terminar con ella. Resulta que pasarlo bien con alguien tomando piscolas y bailando en el Subterráneo no significa que vaya a ser una buena pareja. Me he demorado años en aprender esa simple lección, pero es porque soy un tonto que no entiende nada.

No es una mala persona, pero a veces dice cosas que me dejan helado. Habla como personaje de Patricia Highsmith. Es el sueño de un misógino: dice cosas que confirmarían las opiniones más oscuras sobre las minas. Una de sus últimas declaraciones fue que “los hombres con personalidad débil no me sirven, porque me pongo patuda y me los estaría cagando a los 2 meses. Necesito un tipo con actitud más ruda, como tú”. O sea que le gusto. Fue un piropo bastante macabro. Mejor no meterse tan en serio con ella.

Estuvo también la chiquilla de los videos porno, pero a ella la borré. Me metí a espiar su Facebook y descubrí que tenía fotos con un pololo y que se iba a casar. Eso puede significar dos cosas: conoció a un tipo y todo pasó muy rápido o yo iba a ser su despedida de soltera. Cuando uno ya se ha tirado a minas casadas o con pololo no hay novedad. Cumplí 34 este año y de verdad quiero vivir la vida con más responsabilidad. Uno se pone viejo y empieza a creer en el karma.

¿Se me olvida algo? Carreteo mucho menos que hace 4 años. Tomo menos también. Anoche me junté en el Torremolinos con una amiga y a la 1am ella se fue a otro carrete porque tenían coca. Yo en cambio me fui a a la casa a dormir: madurez. Hace meses que mi mejor panorama es tomarme una cerveza o un té viendo alguna serie de Netflix sentado en el futón. Curarme como piojo y no acordarme de nada al día siguiente ya no me queda bien. Nunca ha sido una conducta meritoria, pero cada vez se nota más la idiotez porque ya no tengo 25.

¿Qué quiero para este año? Tomar la mitad. Dormir el doble. Entrenar más. A veces creo que gustaría tener una polola, pero pienso que una relación abierta es lo único que soy capaz de sostener por ahora. Según Houellebecq la capacidad para enamorarse no resiste más de dos años de vagabundeo sexual: yo llevo 5, así que estoy perdido. Nunca nadie me va a querer en serio, pero al menos les gusto para tirar: algo es algo. Hoy voy a una fiesta en un estudio de grabación. Tal vez termine el año con un último revolcón.

Carta abierta a la desconocida del Gauchito

Te admiro, lo digo de verdad, sin ironías. En vez de actuar con la insoportable pasividad de un óvulo que se pasea por una trompa de falopio esperando al espermatozoide ganador, simplemente te sentaste en mi mesa sin esperar invitación, primero tú sola (25), después con tu hermana chica (19). Claro, estabas un poco ebria y envalentonada, pero no creo que eso te quite méritos. Por una vez trataste de ser tú quien me haga reír a mí. Hay hombres a los que no les gusta que las mujeres sean así, les produce rechazo. A mí me encanta y lo bueno es que pasa cada vez más seguido. Cinco mil puntos para ti.

Te sentaste en mi mesa, me dijiste hola y me preguntaste si acaso yo era gay. En otra época no habría entendido nada. ¿Gay yo? ¿Me veo gay? Ya no. Ahora sé lo que significa, sé que es un gesto de coquetería desafiante y propongo al lector la siguiente traducción al castellano:

He pasado por al lado de tu mesa 3 veces y tú, en vez de mirar las señales tan pero tan evidentes que te estoy mandando, prefieres conversar con tu amigo y comer tu hamburguesa, idiota. ¡Mírame, soy linda! ¿Hello?

Sí, te vi pasar una y otra vez por al lado de la mesa, pero lo único que pensé es que habías tomado mucha cerveza. La verdad, desconocida, es que efectivamente yo estaba más interesado en mi hamburguesa que en ti. Eres bonita, sí, pero es que yo me estaba muriendo de hambre y las necesidades se ordenan jerárquicamente. Además que los dos sabemos cómo va a terminar esto y, francamente, no es lo que ando buscando. No hoy, por lo menos.

Las cosas habrían ocurrido así como te voy a contar a continuación:

Lo primero es que habría intentado que fueran ustedes dos las que se vinieran a sentar a nuestra mesa y no al revés, como propusiste tú después de que conversamos 20 minutos. Esto para que la misión de deshacerse de los dos tipos con que andaban ustedes quedara en tus manos. Además, me dio la impresión de que estabas dispuesta a encargarte tú misma de eliminarlos del panorama: es mi hermano y un amigo de mi hermano, nada más. Bien. Pa la casa.

Luego de un rato de estar en la mesa vendría una maniobra delicada: sugerir que sigamos carreteando en mi departamento. Que tomar en los bares es muy caro y que yo tengo una botella en la casa. Solo tenemos que pasar a comprar hielo. Ok, vamos.

Una vez en mi casa, nos vamos a sentar y vamos a preparar tragos para todos. Me vas a comentar que tengo muchos libros de arquitectura, qué bacán. O me vas a preguntar si sé tocar bien guitarra, porque la tengo ahí a la vista. O me vas a preguntar por la maqueta que está en el living. No sé, se va a dar alguna situación por el estilo donde voy a poder mostrarte que tengo algún talento aparte de ser un ebrio. Y los tengo. Soy medio pastel, pero soy un pastel interesante.

Una hora después, como a eso de las 11pm, vas a preguntar ¿hay más hielo? Yo voy a responder que sí, que está en la cocina. Vas a ir a la cocina a buscar más hielo y exactamente a los 15 segundos te voy a seguir. Te voy a encontrar tratando de picar 4 hielos pegados. Te voy a mirar directo a los ojos, sonriendo y me voy a acercar sin decir nada. Te van a brillar los ojos, sabes lo que va a pasar. Te va a venir una mezcla de sensaciones: un poco nerviosa y un poco caliente. La tensión finalmente se va a resolver en favor de la calentura, porque te voy a tomar de la cintura, te voy a dar un beso y voy a hacer mi mejor intento por lograr que ESE sea el mejor beso de tu vida. Probablemente no lo consiga, pero va a ser como mínimo memorable.  Esto es crucial. No se puede subestimar su importancia. No es exagerar si digo que acá se juega el 80% del éxito de la maniobra, porque mi intención es dejarte con ganas de MUCHO MÁS. Solamente un beso memorable logra eso.*

Después de eso vas a volver al living del departamento riéndote sola. Yo voy a volver un poco después con mi mejor cara de póker. Me voy a sentar al lado tuyo, pero sin hacer contacto físico. No aún.

No mucho rato después la gente se va a querer ir a su casa. Es martes y ya es tarde. En ese momento te voy a sugerir que te quedes conmigo un rato más. Es que yo nunca hago esto, yo no soy así, me vas a decir. Lo que por supuesto es mentira, pero algo que acepto como parte normal de tu repertorio, del guión que cada uno tiene que recitar. Te voy a responder que ok, cosa tuya, no me gustaría ponerte en una situación incómoda. No voy a ponerme insistente. Quizá cuando me despida podría darte otro beso memorable que te haga cambiar de idea.

Si logro que te quedes, nos vamos a ir a mi pieza y vamos a tener sexo durante varias horas. No me creo el hombre más vigoroso de la galaxia, es solo que intento no ser un egoísta.

Es posible que al día siguiente, temprano, te venga un poco de pudor o de culpa, que espero que no sea nada grave, porque lo más probable es que si te viniste a mi departamento a la primera es porque ya has hecho esto antes. Lo que está muy bien, de verdad. Yo no juzgo. Todos deberíamos dar más besos y tirar más.

Te vas a ir de mi casa, nos vamos a despedir cariñosamente y después yo no te voy a volver a llamar. Y si te llegara a llamar, cosa que no voy a hacer, pero igual supongamos que lo hiciera, tú no me vas a contestar ni mucho menos devolver el llamado, así que para qué perder el tiempo.

¿Ves, desconocida? Incluso cuando las señales son tan evidentes, lograr el objetivo es pega. Y además, al día siguiente, ¿qué queda? Nada. Nuevamente la misma leve sensación de desencanto con la vida y de haber convertido en una rutina replicable una de las pocas experiencias que hacen que estar vivo sea tolerable. Luego, de vuelta a trabajar. Tengo que ir a ver la oficina que acabo de arrendar y después tengo una reunión a las 4pm, con unos innovadores en Isidora con San Sebastián.

Así que por esta vez, paso.

*: un camino alternativo habría sido quedarse en el Gauchito y acompañarte a la calle a fumar. Parece que fumabas. Entonces en una de esas salidas a la calle, la segunda para mayor seguridad, proceder con la rutina del mejor beso de toda tu vida. El resto se mantiene igual.