Cuaderno de fin de semana: agente del caos

como-organizar-la-casa-y-evitar-el-desorden_0

Anteayer, como a las 9, iba caminando a un bar de Tobalaba a juntarme con dos amigos. Casi llegando a la esquina por Carlos Antúnez veo que un Subaru XV se pega un frenazo desesperado para esquivar a un taxista daltónico que confundió rojo con verde. El taxista se escapó, pero el Subaru chocó a no menos de 50 km/h contra el semáforo de la esquina, echándolo abajo.

Una vez choqué a esa velocidad contra un cartel, pero verlo de afuera es un poco más impactante. ¿Se habrán matado, estarán bien? Sin saber mucho qué hacer llamé a los pacos. Tal vez ellos le avisan a la ambulancia, fue lo que pensé. Yo no tengo números de ambulancias para llamar. Crucé la calle corriendo para ver si necesitaban ayuda y cuando llegué vi que el conductor iba solo, había salido del auto y estaba tirado en el pasto. No tenía heridas visibles. Todos los airbags del auto estaban inflados y salía vapor del radiador.

Un minuto después otro auto paró al lado. Una mujer se asomó a preguntar si necesitábamos un médico, a lo que respondí que sí. El médico se bajó y empezó a examinar al accidentado, que se veía bien, a pesar de todo. Le debe haber dolido hasta el pelo, pero va a sobrevivir sin grandes secuelas.

Dejé al médico hacer lo suyo y me fui para no estorbar. Camino otra vez hacia el bar, pensé que esa mujer del auto debe estar orgullosa de haberse casado con alguien tan útil. En circunstancias como esta, casi un héroe. Yo, en cambio, no tenía ninguna habilidad útil en esa situación. Podría haber dicho: ¿alguien necesita que haga una regresión logística o que escriba un análisis ebrio sobre la situación económica de Grecia? No.

Ayer, como a la misma hora, iba volviendo a mi casa del gimnasio. De pronto escucho que en Eliodoro Yáñez con El Bosque otra vez un auto se pega un frenazo desesperado y choca. Esta vez no vi nada porque yo iba caminando hacia abajo por Carlos Antúnez, más o menos a dos cuadras, pero sonó bastante violento.

Ya entrando al edificio a un vecino se le cayó una botella de vino en la escalera. Era un Don Matías, reserva, cabernet sauvignon. Rico vino, a buen precio. Una de las cosas buenas de este país: vinos bacanes por 4 ó 5 lucas. La gente que compra vinos caros es muy snob. El pobre tipo se veía acongojado. Seguramente se le arruinó el panorama de pasar el sábado viendo Netflix. No creo que lo haya comprado para tirar con alguien. Cualquier persona con sentido común sabe que las minas prefieren champaña, cerveza michelada o vino blanco. La conserjería de mi edificio ahora tiene olor a ramada.

Entré a mi departamento para ver el mismo desorden de siempre. Los mismos libros tirados por todas partes, los cientos de vasos donde los hongos construyen civilizaciones. Ya debe haber nacido el primer Pitágoras Funghi. La ampolleta quemada, las manchas en la pared de la entrada. Las botellas vacías de Eristoff. El infame cajón de las cosas perdidas. Los vegetales pudriéndose en el refrigerador. Los pescados, pollos y vacas congelados en el freezer, deteriorándose lentamente.

Altísimo: si querías comunicarme que soy un agente del caos, que llevo desorden y destrucción por donde quiera que pase, entonces misión cumplida. Lo lograste. Acepto mi destino. Solo pido que la próxima vez que se derrame alcohol no sea el mío. Amén.

Anuncios