La mujer perfecta

La mujer perfecta es lo suficientemente inteligente como para que conversar con ella sea entretenido y estimulante. Al mismo tiempo, la mujer perfecta tiene que ser lo suficientemente estúpida como para querer meterse con un tipo como yo.

La mujer ideal es, además, enferma de caliente.

 

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Salsa

La conocí el fin de semana pasado. Me junté con la Carla en mi casa, nos tomamos un par de piscolas (champaña en su caso) y después fuimos al Bar Constitución. Allá llegó Fernando con dos amigas.

La Carla se volvió a su casa temprano.

Carreteamos como pendejos adolescentes. Salimos del Constitución y caminamos por Bellavista buscando un after que nunca apareció. A eso de las 4am nos fuimos al departamento de Fernando, que se metió inmediatamente a su pieza con una de las amigas. Yo me quedé en el living con la otra. Conversamos hasta las 7am. Fue una de esas conversaciones mágicas de genuina conexión humana. Nos dimos un beso y nos acostamos en la otra pieza, abrazados para pasar el frío.

Al día siguiente tenía una caña monstruosa. Fernando vive lejos, así que nos pasó a dejar en auto. Dormí el día entero.

Ella se consiguió mi teléfono y me mandó un mensaje de texto para que yo tuviera el suyo. Para que puedas llamarme. Supe a través de Fernando que ella quería invitarme a un matrimonio, pero yo tenía otro el mismo día y no podía acompañarla.

Entonces le escribí el sábado. Le dije que fuéramos a una fiesta en el W. ¡Ya!, respondió entusiasta. Mi hermana va a ir también, así que me voy con ella. Juntémonos allá.

Nos encontramos en la fiesta. Pagué una entrada carísima, ella seguramente entró gratis. Minas. Nos encontramos, nos saludamos, tomamos un par de piscolas y nos pusimos a bailar. Ella vivió dos años en Colombia trabajando para Telefónica y allá aprendió a bailar salsa. Yo estuve en clases en una academia cerca del Parque Bustamante. No tocaban salsa en la fiesta, pero bailamos salseramente. Todo bien.

Ella baila mucho mejor que yo, así que a veces guiaba ella, me mostraba pasos, me ayudaba con las vueltas. De repente me dice: mira así baila la gente en Colombia, todos bailan así y no les pasa nada.

Demasiado tarde. Si uno baila así con alguien es para que pasen cosas, no para jugar a evitar que pasen. ¿Por qué me está diciendo esto?

Salimos de la fiesta. Nos sentamos a conversar en la Plaza Perú. Después caminamos de la mano en dirección a mi casa. En Lota con Tobalaba quise darle un beso y me dijo que no. No quiero darte un beso. Simplemente no, un no categórico y definitivo. Yo me quedé medio perplejo, pero bueno, qué se le va a hacer. No es no. Caminamos un poco más, pasó un taxi, se subió y se fue. Yo caminé hasta mi departamento. Nunca más supe de ella.

¿Quién entiende?