Fanmail: yapo, escribe algo

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¿Usted hace ejercicio? Es que tiene el abdomen desarrollado, me dijo mientras me palpaba el estómago. La raja, me tocó como médico un gay coqueto. Es verdad que tengo algo de desarrollo abdominal, pero mucho menos de lo que quisiera. Tener calugas grandes y visibles es imposible, a menos que uno tenga los niveles de testosterona de un pendejo de 15 años. Hay que dejar de tomar. Hay que comerse un pollo al día, tomar vitaminas, tomar batidos de proteína. Inyectarse hormonas de caballo y jabalí. Entrenar 3 o 4 veces a la semana. Después de 2 años de eso, con suerte, vas a tener algo de músculo abdominal. Si te lesionas, cagaste. Pasas 2 semanas fuera y pierdes el esfuerzo de 1 año entero.

Mientras tanto hay que escuchar a mujeres alegando porque la sociedad les pide ser flacas.

En todo caso es verdad: si alguien me palpa coquetamente la guata, como lo hizo mi médico degenerado, sentirá algunas zonas endurecidas debajo de la grasa piscolera. Podrían ser músculos, pero también podrían ser los mil tumores malignos que tengo adentro.

Tengo un dolor en el lado derecho del estómago hace 2 semanas y no sé qué es. El dolor no se va. No es apendicitis, porque ya estaría muerto. En el mejor de los casos podría ser una lesión muscular por sobrecarga, lo que no sería raro porque me puse a hacer planchas frontales y laterales con una mochila de 12 kilos. En el peor de los casos, un tumor maligno mortífero que me va a matar en 3 meses. Cáncer al colon. Un reventón del hígado por exceso de piscolas. Una enfermedad venérea nueva que ataca al intestino, qué sé yo.

Una vez creo que tuve una ETS y se quitó con antibióticos. Me ardía el pico al mear como si tuviera un kilo de ají rocoto en la vejiga. Una noche a la 1am el ardor llegó a tal nivel que partí a entregarme a la Clínica Las Lilas, donde tuve que soportar las miradas prejuiciosas de las enfermeras de turno. Las entiendo: yo, un hombre, joven, marginalmente atractivo, con no más de 15% de grasa corporal*, entra a urgencias porque le arde la pija. Obvio que deben haber pensando que tenía todas las ETS del mundo.

El médico me preguntó: ¿ha tenido relaciones sexuales de riesgo? Le pregunté qué entendía él por riesgo y me respondió que riesgo era sexo sin condón.

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA OBVIO QUE SÍ, PEDAZO DE MARACO, QUÉ PERSONA HETEROSEXUAL USA CONDONES. ESTAMOS EN PLENO SIGLO XXI, TODOS SABEMOS QUE EL SIDA SE CONTAGIA POR EL CULO.

Me puso ibuprofeno a la vena y me dio un frasco para mear en él. Después me recetó antibióticos y me mandó a la casa. Eso fue todo. Los exámenes dieron negativo en todo, así que nunca supe qué cresta tuve. Lo peor de la experiencia, además del ardor de uretra que no se lo doy a nadie, fueron las miradas de condena de parte de las enfermeras gordas. No se preocupen, gorditas, su grasa es el mejor antídoto contra las enfermedades de transmisión sexual. Están a salvo.

Volvamos al dolor actual. Me hice todos los exámenes del mundo y salió todo bien, salvo una cosa: tengo hígado graso. No es por alcohol, porque tengo las transaminasas en niveles normales. Tampoco tengo el hígado inflamado, como esos viejos guatones con olor a cirrosis. Según el médico es normal. Más de la mitad de Chile tiene hígado graso, pero resulta que al contrario de la mitad de Chile, yo como ensaladas y hago ejercicio. Usted me tocó el estómago, señor médico. Usted seguramente toca muchas guatas, dígame cuántas son así.

Si esto me hubiera pasado el año 2010 no habría sido raro. Llevaba un año viviendo solo por primera vez y me portaba pésimo. ¿Pero ahora? ¿AHORA? ¿Ahora que camino 8 kilómetros diarios, que hago ejercicio 3 veces a la semana, que tomo menos, que duermo bien? Vida: chúpame un huevo. Tengo apenas 36 años y ya tengo achaques de viejo de mierda.

Ahora escucho Seagull, de Bad Company. Según songmeanings.com es sobre alguien se arrepiente de la forma en que ha vivido, pero ya no saca nada. Anoche una mina del pasado, que ahora está casada, me escribió para decirme que no me puede sacar de la cabeza. Me dio jugo hasta las 4 y media. La mandé a la cresta, de manera no demasiado amable.

¿Qué más puedo decirle? Fue ella la que nunca se decidió y de repente desapareció. Cuando volvió a aparecer se había casado. Acepta las consecuencias de tus decisiones. De mirar tanto para atrás te vas a convertir en estatua de sal. Ella no es Rapunzel y su matrimonio no es una torre. Y yo no tengo ganas de andar rescatando princesitas.

 

*: esto fue el 2014, cuando efectivamente tenía 15% de grasa corporal. Ahora, al ojo, debo tener 19%. Por si acaso.

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