Reflexiones contemporáneas, vol. III: finanzas personales

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Entré a la web de la AFP para cambiarme al fondo E, pero no pude. Lo sentimos, usted no ha firmado el Contrato de Prestación de Servicios Remotos. Chúpame el recontrapico, Cuprum. No quiero ir a una sucursal a firmar un convenio, quiero cambiarme de fondo ahora. El Deutsche Bank se está yendo al hoyo. Monte dei Paschi di Siena (fundado en 1472) se está yendo al hoyo. Ningún banco italiano es solvente. Va a quedar la zorra, ustedes lo saben.

La silla musical europea no va a durar mucho tiempo más. Gran Bretaña no estaba en la Eurozona, pero igual se salió. A Grecia se la han afilado tanto rato y con tanto ensañamiento que ya no tiene energía, pero Italia quiere recuperar su gloria de país rico. El índice de producción industrial italiano iba creciendo a la par del alemán, hasta que dejaron la lira y entraron al euro. Desde entonces: decadencia. Ahora se están dando cuenta de que se los han follado gratis durante 17 años y quieren salir. Quieren controlar su política monetaria en vez de delegársela a Frankfurt. Tienen razón, pero cuando eso pase todo el mundo se va a salir de la renta variable al mismo tiempo y mi fondo A se va a pegar un costalazo tan sonoro como el de esos ejecutivos tirándose al vacío desde sus torres.

La debacle se viene en cualquier momento, pero aun así mi AFP quiere que vaya a firmar papeles a una sucursal antes de poder cambiarme al fondo de renta fija.

Hace 3 meses contraté un seguro catastrófico en la Clínica Alemana, con una cobertura de 15.000 UF. Me llamaron hace 2 días para avisarme que no han podido cobrar las cuotas, porque soy independiente y no tengo empleador que pague mis cotizaciones de salud. Lo tengo que pagar directamente yo, a pesar de que firmé el pago automático con cargo a la cuenta. Traté de pagarlo en la página web, pero no tengo contraseña. Tengo que ir a la clínica a que me den una, no me la pueden dar online. De aquí en adelante, si quiero que el pago automático funcione, tengo que notificarle a Colmena que soy independiente. Para eso tengo que ir a una sucursal, porque tampoco se puede hacer online. Todo esto ocurre en la “era digital”.

Cuprum, Colmena y Clínica Alemana: vayan a comerse una verga. Ojalá se ahoguen con semen.

Me van a cortar el seguro de enfermedades catastróficas por no pagar. Dos días después de que caduque mi contrato me va a dar cáncer al esófago por tomar como pirata, gota por comer carne como caníbal, tuberculosis, clamidia, lupus, pie de atleta, pelos en las orejas, SIDA y fiebre amarilla. No voy a poder pagar mi tratamiento.

Mira al resto de Latinoamérica, Chile está bien, nos dicen. Ustedes tienen libre comercio, instituciones sin corrupción, crecimiento sostenido. Es verdad: todo el mundo tiene un smartphone y una una tele de 42 pulgadas. El resultado es que la clase media se ríe de los pobres por tener televisores de pantalla plana en sus viviendas sociales, en vez de gastar en educación. La educación es lo único que te puede dar oportunidades, le dice la clase media a sus hijos, que estudian en colegios subvencionados con nombres raros. Mientras tanto la clase alta de ríe de la clase media por mandar a sus hijos a colegios que son malas imitaciones de sus propios colegios. A su vez, el planeta se ríe de nosotros, porque incluso a los colegios caros les va mal en las pruebas internacionales.

Hace dos semanas fui a comprar una estufa. Encontré decenas de familias brasileras comprando ropa, comprando celulares, comprando tablets. Todo lo que quepa en la maleta. También un montón de chilenos, como yo, gastando en bienes suntuarios, como una estufa (US$20) para calentar el baño antes de ducharme. Todo eso es barato. Nuestro Banco Central es autónomo y controla la inflación. Los precios no están fuera de control.

Excepto los precios de todo lo que uno podría de verdad necesitar para tener una vida feliz. Eso es impagable.

Tener una salud decente, una educación aceptable, una casa a menos de 45 minutos del trabajo: todos lujos egipcios. Hay que endeudarse, con créditos que están entre los más caros del mundo. Créditos disciplinarios. Comprometer un porcentaje del sueldo por 10, 20, 30 años. Trabajar trabajar trabajar, como un esclavo egipcio construyendo las pirámides.

Gracias a dios que al menos puedo tirar gratis.

 

*: estas Reflexiones Contemporáneas fueron auspiciadas por tres piscolas con Mistral.

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