Escribir como antihéroe

300px-Yevgeny_Onegin_by_Repin

Por qué eres así, me dicen. Minas obviamente. Un hombre jamás me diría algo como eso. Por qué te muestras así. ¿No te sientes solo a veces? Yo sé que tú eres mucho más que un soltero empedernido y carretero, eres demasiado inteligente como para querer la vida de Eugenio Oneguin*. Yo sé que hay más profundidad en ti. No sé por qué, pero es la impresión que me das no más, mi intuición me lo dice. Es lo que siento y te lo digo.

Les encanta apelar a la intuición. No sé si se darán cuenta que con eso confirman cada prejuicio sexista que existe en el mundo. Calma, tampoco es para enojarse, lo hacen con buenas intenciones. La mayoría de las veces lo dicen con cierto afecto, con ganas de rescatarme no sé de qué. Otras veces, en cambio, las minas más amargas me lo han dicho en tono desafiante. Si no hubiera más que el [OMITIDO] carretero, entonces no me interesa que estés en mi grupo de amigos, me dijo una hace unos meses, en tono perentorio. La patudez. Perdón, [OMITIDA], pero métete tu amistad por la raja. Las gordas no dan ultimátums.

Es fácil: soy así porque es más entretenido que la opción contraria. Evidentemente no soy feliz todo el tiempo, pero tampoco lo es la gente que hace malabares financieros para pagar el colegio de sus hijos, para pagar la cuota del auto, para pagar lo que sea, qué sé yo cuánta huevada tiene que pagar esa gente. Qué más voy a hacer. ¿Casarme con alguna gorda pacata, tener 2 críos, romperme el lomo trabajando para educarlos? ¿Y para qué? Ser responsable, levantarse temprano, ahorrar, para qué. De verdad: para qué. Trabajar trabajar trabajar para alimentarlos, vestirlos y educarlos. Así en algunos años más ellos también van a estar capacitados para trabajar trabajar trabajar. Casarse con alguna gorda o gordo y repetir la historia. Me hace preguntarme qué soy: una persona o un sistema biomecánico cuyo único fin es replicarse.

Lo que me molesta es que la vida tenga que ser tan trivial y rutinaria. Todos los días iguales. Al menos cuando estoy saliendo con dos minas puedo sentir algo. Una leve emoción. La duda de si escondí los calzones de la otra en el cajón de las cosas perdidas o si seguirán ahí tirados, justo cuando estoy abriendo la puerta con una de ellas. ¿Se pueden imaginar el escándalo si esta mina descubriera que los calzones del suelo son enanos y que la otra es 2 tallas más flaca?

Pero claro, podría escribir de otras cosas. Podría mostrar el otro lado. Podría escribir de economía, como a veces lo he hecho. Podría comentar el índice de perspectivas económicas, criticar la metodología de no sé qué encuesta ridícula. Pero eso lo hago todos los días en mi trabajo.

Podría escribir sobre cómo tengo todas las cuentas al día, salvo una pequeña deuda con la Clínica Las Lilas. Pero tengo excedentes en la isapre que cubren de sobre la deuda, así que no existe. Siete años pagando un departamento. Gastos comunes al día, de hecho con un mes adelantado. Siete años de dividendos pagados puntualmente el día 10 de cada mes. Un departamento que hoy vale más del doble (real, no nominal) de lo que costó hace 7 años. Si lo vendiera me podría comprar un Maserati Gran Turismo al contado. Más de un título universitario. Nunca cesante, aunque he odiado casi todos los trabajos que he tenido. Incluso cuando he estado sin pega he estado metido en algún proyecto interesante y que me deja plata. Todos los martes un nuevo episodio de Better Call Saul. Si no es martes, entonces videos de Richie Kotzen, de Nita Strauss, de Norman’s Rare Guitars. Dos vasos de gin mientras los veo, pero ni uno más, porque al día siguiente trabajo. A las 11pm a dormir, porque ya no salgo en la semana como cuando tenía 29.

Podría escribir sobre lo emocionante que es levantarse todos los días a las 7 y media. Dos yogurts “griegos” Danone de papaya con avena y a la ducha. Mirar Twitter a ver si se acabó el mundo. Nunca se acaba, aunque estamos cerca. Salir del departamento a las 8:30, saludar al conserje que me responde “buenos días” con su habitual cara de lata. Caminar a la oficina, llegar puntualmente a las 9. Saludar a la gente, sentarme en el escritorio, leer correos, responder correos, retomar mis tareas donde las dejé ayer.

Es mucho más entretenido escribir sobre tirar sin condón con desconocidas, ¿no?

*: en realidad, ninguna mina me ha mencionado jamás a Eugenio Oneguin. Eso es de mi cosecha.

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