Erecciones públicas

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El lunes pedí una reunión para renunciar y me informaron que estaban pensando despedirme. Bien. Tienen toda la razón del mundo. Detesto mi trabajo y fantaseo con decapitarlos a todos a golpes de hacha. Decidí renunciar porque me ofrecieron integrarme a un proyecto que parece entretenido y creo que tiene potencial y, en realidad, estaba buscando cualquier excusa. Voy a ir a cobrar el seguro de cesantía y me voy a comprar una moto.

El mismo lunes en la tarde me junté con un amigo en el Kleine Kneipe para contarle del proyecto. No habían pasado ni siquiera 10 minutos de conversación y aparecieron en el balcón del frente dos pendejas de unos 24 años, flacas, con shorts de mezclilla y petos, y se pusieron a limpiar los vidrios. ¿Alguien se acuerda de esa escena de Megan Fox lavando las ventanas en la casa de Charlie Harper?

Se me acabó la concentración. Desde ese minuto lo único que podía pensar era: tetas. Tetas en el balcón del frente. Este es un amigo cabezón, así que tuve que mover mi silla para mirar. Y no es un problema de desesperación o falta de sexo, como dicen las minas picotas, porque el domingo en la noche había tirado con la [OMITIDO] que me volvió a llamar después de meses desaparecida. Parece que ahora tiene pololo, por eso desapareció. No debo tirar tan mal si me sigue llamando a pesar de eso.

El par de pendejas ricas me tuvo con priapismo la hora y media que estuvimos ahí. Menos mal que fue en un restorán, estando sentado, porque esto a veces pasa en el metro cuando está lleno y ahí es todo un desafío. A veces me bajo del metro con la sensación de haber inseminado a alguien sin querer.

El otro día una mina entró a mi oficina y me mostró con orgullo una foto de ella prácticamente en pelota, para decirme lo bien que la tenía el crossfit. Tenía puesto uno de esos petos que son prácticamente un bikini. Guata plana, tetas perfectas. Tonificada pero no musculosa. Tiene 35 años y está más rica que la cresta. De nuevo: menos mal que estaba sentado porque el pico casi me explota. Menos mal, también, que soy un tipo decente y que mi mamá era feminista, porque lo que de verdad quería hacer en ese minuto era tomarla de la cintura, inclinarla encima de la mesa y fecundarla, sin preguntarle su opinión.  ¿Por qué me muestra esta foto como si fuera su hermano? ¿No sabe que los hombres somos unos animales peligrosos? Creo que fue una movida bastante irresponsable de su parte.

No salgo con minas del trabajo. Evito la mezcla pega-sexo y dejo los pensamientos impuros para después de las 7pm, porque no quiero andar en el trabajo (10 horas al día) con el pico parado, que es lo que pasaría si compartiera oficina con una mina con que estoy tirando. Me parece poco decoroso presentar cifras mientras trato de disimular el bulto.

Eso es lo que pasa. Da igual cuánto uno tire, aparece una mina guapa y hay que correr a sentarse y pensar en otra cosa, porque no se puede andar por la calle con la mansa tula.

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